Camelia: flor del amor eterno

De entre la enorme variedad de hermosas flores que nos ha otorgado la naturaleza, destaca sin duda la Camelia, que en el lenguaje floral transmite amor, eternidad y pureza gracias a su tradición y belleza.

Por su mística esencia y el misterio de su ausencia de perfume, esta flor ha protagonizado numerosas leyendas a lo largo del mundo, convirtiéndose en el epítome del romance en algunas culturas considerándose, incluso, como la Rosa de Japón.

En este país asiático, existe una maravillosa historia que explica el origen de la camelia… que a continuación te relataré:

En un confín del reino del Sol Naciente, había un pequeño pueblo gobernado por una maligna bestia de muchas cabezas y aspecto terrorífico. A cambio de permitir a los habitantes continuar con su vida cotidiana, la bestia exigía el sacrificio de la doncella más hermosa del reino.

Año con año, los habitantes del pueblo padecían el terror absoluto cuando debían elegir a la joven que sería sacrificada, temiendo perder a sus amadas hijas y hermanas ante el salvaje monstruo.

La sangrienta tradición se mantuvo varios años… hasta que se designó como sacrificio a una hermosa princesa de blanca piel y negros cabellos, apodada la princesa del arroz. La princesa, al saberse elegida, recurrió a uno de los dioses de los que era devota: Susanoo, dios del viento y la lluvia. El joven dios, al escuchar la súplica expresada por una de las almas más bellas que había tenido oportunidad de conocer, decidió involucrarse y liberarla del tormento.

Susanoo estuvo día y noche preparándose para liberar al mundo de la bestia, forjando su propia espada al encerrar con sombres un rayo de sol. El día que la princesa, Kushinada, sería sacrificada, el dios se plantó en la entrada de la cueva de la bestia, esperando la desolada procesión de los aldeanos para llevar a su princesa.

Al atardecer, la bestia salió de la cueva, preparada para exigir su tributo. La joven, Kushinada, inclinaba la cabeza con resignación cuando escuchó la voz de Susanoo, como un murmullo del viento, diciéndole que no había nada que temer.

En un abrir y cerrar de ojos, Susanoo se abalanzó sobre el monstruo, entablando una terrible y larga batalla ante los atónitos ojos de la princesa y sus acompañantes. Después de algunas horas, el dios triunfó sobre la bestia, cercenando una a una sus cabezas.

Al coronarse vencedor, Susanoo recuperó su ensangrentada espada y se inclinó con suavidad frente a Kushinada, posicionando la punta en el pasto para apoyarse. Con dulzura, su poderosa voz le pidió a la joven su mano, pidiendo que se casara con él ya que poseía singular belleza en su cuerpo y su alma.

Emocionada, la joven asintió, contemplando fascinada como, a los pies de Susanoo, las gotas de sangre derramadas por su espada se transformaban en hermosas Camelias, en memoria de las inocentes almas robadas por la bestia y como una promesa del amor que siempre vencerá.

Es por eso que, las Camelias no pierden sus pétalos conforme envejecen, sino que se desprenden completamente de la planta al marchitarse, recordando que con amor, se mantendrá unida.

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